BOL-18: ¿Todos al circo? Tráfico y maltrato de animales en Bolivia
Rafael Alberto Sagárnaga López Revista OH!, Periódico La Prensa - La Paz septiembre 2006
Impunidad | Con la excusa del entretenimiento, cientos de animales son torturados salvajemente en los circos. Bolivia tiene casos estremecedores
Sólo el sol de la naciente primavera intenta ayudar hoy a Moreno, Katia y Shatira a recuperar las esperanzas en días mejores. Los tres leones han pasado casi todo el invierno en uno de los puntos más fríos del altiplano boliviano, allí en pleno Desaguadero, casi en el puente internacional, donde las ráfagas del viento helado del lago obligan a cualquier mortal a huir hacia las primeras paredes que halle. Pero para los tres felinos no hay refugio.
Tras los barrotes de una jaula de dos metros cuadrados están obligados a resistir a pura piel el frío, y también el hambre. Soportan además el olvido porque por lo menos en julio, cuando llegaron, los humanos discutían por ellos. Los dueños insistían en que pasen la frontera, las autoridades peruanas reclamaban documentos, los activistas denunciaban su estado, los medios los convertían en noticia. Pero ahora… En fin, así han sido siempre con ellos los "humanos", los lastiman hasta cuando están ausentes.
Aprender con sangre
Durante estas 10 semanas, tal vez el único consuelo para Moreno, Katia y Shatira haya sido el silencio altiplánico y no escuchar el atormentador: "Toooodos al circo". O peor aún pasar noches como aquella del 23 de junio —la fiesta de San Juan—. Entonces los petardos los enloquecieron, mientras el circo Mágico Show de Llallagua hacía su escala, de dos meses, en Villa Adela (El Alto). Así lo atestiguan aún hoy los vecinos de la zona quienes recuerdan que en esos días además de Shatira había otro cachorro de león en esa jaula sin carpa.
Claro que los tiempos del "tooodos al circo" tampoco fueron amables. "Lo primero que hacen es romperles el espíritu a golpes, desde chiquititos, para enseñarles quién es el que manda. Los animales actúan bajo condición de dolor. Saben que pueden sufrir un castigo peor, si no hacen las estupideces que les obligan a hacer en los circos", explica Susana Del Carpio, presidenta de la organización Animales SOS.
En 2004, Del Carpio, junto con otros activistas, lograron que la Alcaldía paceña prohíba los espectáculos con fieras en la Sede de Gobierno. Para ello llegaron a presentar al Concejo Municipal en pleno, filmaciones que tomaron de las sesiones de entrenamiento y maltrato en diferentes circos. Desde entonces, La Paz es la única ciudad de Bolivia que impone ese tipo de restricciones. Por eso el "tooodos al circo, vengan a ver fieras amaestradas" llega sólo hasta las villas alteñas. Allí, como en el resto del país, la tortura de leones, caballos, elefantes, hipopótamos, canguros, etc. es considerada oficialmente un entretenimiento.
Una tortura no sólo pública, sino ya varias veces mortal en el país. Los casos fueron en su momento noticia, pero también, como va pasando con Moreno, Katia y Sátira, indiferencia, olvido. Sucedió con Rossi, la elefanta que el circo Modelo Gigante de México trajo a fines del año 2000.
Hasta la muerte
El caso fue seguido por Animales SOS. Cuando Rossi llegó a Sucre ya se advertía una ligera cojera. Sin embargo, en esa condición, algunas semanas más tarde, fue obligada a recorrer, de extremo a extremo, la ciudad de Cochabamba mientras alguien anunciaba: "tooodos al circo". Rossi murió en La Paz, la noche del 1 de diciembre de 2000, con la pata completamente fisurada y con el corazón destrozado. Poco antes había completado su última actuación.
Otra organización defensora de animales, Inti Wara Wasi, denunció también otros dos casos que implicaron al circo Modelo Gigante. A mediados de 2002, los empresarios promocionaron en Sucre la actuación de un "canguro boxeador". No llegó a ser presentado en las alturas de La Paz o Potosí donde seguramente su sistema cardiorrespiratorio también hubiese colapsado. Fue en Potosí donde, meses más tarde, Inti Wara Wasi constató, en el mismo circo, la muerte de un hipopótamo adulto.
¿Y las leyes?
Mientras, a falta de leyes y abundancia de circos, la lista de víctimas suma día a día. No sólo animales de las sabanas africanas o las mesetas de Oceanía son forzados a subir a los Andes, también suceden fenómenos inversos. Basta recordar que hace dos semanas una empresa circense anunció que llevaba un show con osos polares a la cálida Santa Cruz.
Incluso por los resquicios de la ordenanza paceña —tolera perros y mascotas domésticas amaestradas—llegaron a ser presentados animales maltratados. En marzo de 2005, el circo Español a dos pistas intentó realizar una fiesta taurina, luego, tras serle negada la petición, se resignó a presentar un caballo y un show canino. El primero fue fotografiado por Animales SOS con las articulaciones en extremo llagadas o inflamadas. Los perros mostraban llamativos rasgos de desnutrición.
No resulta fácil explicar la descontrolada danza de circos, generalmente precarios y de los que no pocas veces han escapado bestias, por el país. La suma de pobreza, morbo y sadismo no se muestra muy rentable. Más, si se advierte que la mayoría de los pequeños circos dependen de algunas familias que asumen la propiedad especialmente de los animales. Así, los trámites de los leones del Mágico de Llallagua fueron realizados ante la Dirección General de Biodiversidad (DGB) por representantes del grupo argentino Cavallini. Asimismo el circo Modelo en realidad pertenecía a los hermanos Fuentes - Gasca, propietarios también de otros circos.
En varios casos a estas sucursales se les descubrió en posesión de especies protegidas a nivel internacional y que fácilmente se compran en Bolivia. Constan en los archivos de la Policía Forestal casos como de los circos "Safari", "Europeo de Fieras", y "Real de México". En estos se advierte que se manejan y/o hacen desaparecer especies nativas como los monos capuchino y araña, o ajenas, como cachorros de león.
Tráfico y maltrato
En plena Amazonia boliviana en julio de 2004, el circo Hermanos Cavallini hizo noticia merced a un accidente. El león Bam Bam doblegó los ensarrados barrotes de su jaula. Lo hizo cuando un niño de ocho años y su progenitor salían del circo y atacó al primero provocándole graves heridas en la cabeza. La desgracia conmocionó al país, pero además permitió descubrir que dentro de la precaria instalación se ocultaban varias especies propias de la región. La lista menciona por ejemplo un jaguar, un mono aullador y un mono nocturno. Tras recibir denuncias con pruebas de fotografías, la Prefectura decomisó al jaguar, pero los otros animales habían desaparecido.
Las posibilidades de actuación son escasas. El manejo impune de especies les abre muchos caminos a los traficantes. desde los sui generis zoos privados o de hoteles 5 estrellas hasta las pequeñas carpas de circo en las fronteras. En Bolivia no hay reglamentos ni estructuras que permitan frenar efectivamente el maltrato y el tráfico de animales.
El problema llega al extremo de que miembros de la Policía Federal de Brasil lo denunciaron en 2003 en Santa Cruz durante el primer taller sobre Tráfico de Fauna Silvestre en Bolivia. Presentaron entonces un estudio en el que se demostraba que animales de origen brasileño eran introducidos a Bolivia para luego ser llevados a otros países.
Es más, se han dado "ocurrencias" como el intento, en 2003, de aprobar un curioso reglamento que permitía la caza, tenencia y traslado de especies silvestres en el país. "Es imposible de parar el tráfico, la ley no funciona, cada vez hay más tráfico. (…) Habrá que hacer un reglamento donde podamos legalizar el tráfico", declaró entonces a la televisora ATB el director de la DGB, Jorge Mariaca.
En medio de una intensa polémica, la presión de grupos de activistas logró frenar la aprobación de dicha "normativa".
Sin embargo, poco ha podido avanzarse en cuanto a controles. Y en ese vasto escenario que mezcla maltrato y tráfico de animales, los llamados de "tooodos al circo" recorren el país de frontera a frontera. Fronteras como la del Desaguadero en cuyo puente internacional hoy Moreno, Katia y Shatira vencen los rigores de su invierno, mirando al sol, soportando otra condena, pero como siempre sin culpa alguna.

